De tu mano, veo las luciérnagas,
Esas que alguna vez te inspiraron.
Luciérnagas diminutas, efímeras,
Pero sabemos que existen.
Andábamos los dos por aquel sendero
En el que alguna vez sentiste mi ausencia
Y me pensaste.
Llegamos a una casa. Una casa donde soñé
Mi futuro junto a ti
Donde viste otros lados de mí
Que no conocías.
Y fuimos uno, y soñamos juntos
Y conocí tu alma, que con temor
Desnudaste para mí.
Lloré, tú no llorabas, no tenías que hacerlo.
Has sufrido tanto que ya no crees que eso exista.
Lloré y sufrí por ti,
Porque tengo tu vida en mis manos
Y con todo gusto no te dejaré caer.
Sentí que tenía un ángel toda la noche junto a mí
Que me sirvió de almohada,
Para soportar los sueños,
Y de cobija, para abrigar las pasiones.
A la mañana, con los ojos hinchados
De tanto llorar por tu vida,
Lo primero que vi, fue tu beso,
Un beso con sabor a exceso, a tabaco y a alcohol.
(Ya sabes, nuestros besos saben a naranja, a gloria,
A tequila, a ti y a mí).
Las luciérnagas te recordaron a mí una noche,
Y otra muy parecida
Nos llevaron a vivir
La primera noche de muchas que viviremos juntos.


